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Cesar Ramos

Director general de la Asociación Española de Empresas Tecnológicas de Defensa, Aeronaútica y Espacio (TEDAE) desde su constitutición en 2009 y profesor del máster de Innovación y Executive MBA de la Escuela de Organización Industrial EOI desde 2011. También es Secretario General de la Comisión Proespacio de TEDAE y de la Plataforma Aeroespacial Española PAE, y miembro de la Junta Directiva de la ASD (Aerospace and Defense Industriels Asociation of Europe).


Apenas a cien kilómetros de aquí

10/04/2015 | Madrid

Muchos de nosotros nos hemos preguntado alguna vez dónde termina la atmósfera terrestre y comienza el Espacio exterior. En realidad, no existe un límite claro ya que la densidad de la atmósfera decrece gradualmente a medida que la altitud aumenta. No obstante, la Federación Aeronáutica Internacional establece la línea de Kármán como el límite entre la atmósfera y el Espacio a una altitud de 100 kilómetros. En los últimos años, científicos canadienses han establecido esta frontera a 118 kilómetros de altitud, comprobando que en esa zona de transición es donde los vientos, relativamente ligeros, de la atmósfera terrestre dejan paso a los violentos flujos espaciales que pueden superar velocidades de 1.000 kilómetros por hora.

En definitiva, apenas a 100 kilómetros de aquí se encuentra una localización geográfica más que representa una enorme oportunidad para productos y aplicaciones de alta tecnología y que constituye un mercado de futuro valorado en más de 300.000 millones de dólares.  Es ahí donde comienza lo que llamamos ‘el Espacio’.

Pero el Espacio no es lugar para navegantes solitarios. Los grandes desafíos tecnológicos espaciales se han superado con la colaboración industrial y científica internacional, en un esfuerzo conjunto que cada vez reúne a más países.

España ha estado presente desde el principio de la era espacial. Su primer contacto  fue a través de la NACA, predecesora de la NASA, mediante el intercambio de información en materia aeronáutica desde 1951 y, de manera muy especial con el profesor Von Kármán, quien apoyó y participó en el Seminario sobre Ciencia Espacial y Tecnología organizado por el INTA en 1960. Sólo había transcurrido un año desde la puesta en órbita del primer satélite norteamericano y ningún ser humano había conseguido, todavía, alejarse 100 kilómetros del suelo.

Desde ese momento, la colaboración con EEUU se materializa con el establecimiento en España de las estaciones de seguimiento de Maspalomas (1961), Robledo de Chavela (1963), Cebreros y Fresnedillas (1967) y su contribución clave en el éxito de las misiones más emblemáticas de aquellos años.

Esta alianza ha perdurado y la industria española ha colaborado con instrumentos  críticos para la misión en el planeta Marte del rover Curiosity.

En lo que respecta a Europa, España participó en 1962 en la creación de la ESRO que se convertiría años después en la Agencia Espacial Europea, ESA, y que ha resultado, hasta este momento, un caso sin precedentes de éxito en materia de cooperación industrial y científica, de colaboración público-privada, que ha conducido  al acceso autónomo y soberano de Europa al Espacio.

Fue la participación en la ESA, a través de la integración de nuestras empresas, la que ha conformado el sector industrial español que hoy conocemos. Actualmente, España participa en mayor o menor medida en todos los programas de la ESA y su industria espacial tiene presencia en todos los segmentos de actividad, con un significativo posicionamiento en la cadena de valor. En nuestros días, disponer de capacidad espacial constituye para un país contar con una herramienta clave para su futuro ya que se ha demostrado que es un importante vector de crecimiento económico, que ayuda a alcanzar los objetivos estratégicos de los países y que es, sobre todo, una herramienta política de primer nivel.

El Espacio está presente en nuestras vidas, en la cotidianeidad de las personas, a pesar de que, paradójicamente, una gran mayoría vivan todavía ajenas a ello y no sólo porque gracias a los programas espaciales hemos llegado a conocer más profundamente nuestro planeta o porque contribuyan a acercamos un poco más al conocimiento del universo y, en definitiva, a conocernos mejor a nosotros mismos, sino porque el Espacio es el origen de la colaboración, también con otros sectores como el de transporte, el de la meteorología, la Seguridad, las comunicaciones o el de ocio.

Ningún país cuestiona que el sector espacial es estratégico para sus intereses y que representa una importante oportunidad para el futuro pero que, al mismo tiempo, atraviesa un periodo de transformación tecnológica donde las inercias ya no son suficientes. Es en este entorno global en el que se debe responder al reto de participar en el ambicioso plan espacial internacional con un modelo de desarrollo adecuado, estable y en cooperación. Compartir objetivos, intercambiar conocimiento y mejorar las cosas que hemos recibido es lo que hace prosperar a las naciones. El acceso al Espacio sirve para eso. Vale la pena.

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