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Misión conjunta entre la CONAE y la NASA

Presentado en Washington el nuevo satélite argentino de observación de los océanos SAC-D

19/05/2011

(infoespacial.com) Washington.- La NASA anunció que Argentina y Estados Unidos ultiman los preparativos para el lanzamiento del satélite SAC-D Acuarius a las 07:20 horas locales del próximo 9 de junio, en el transcurso de un acto de presentación de la misión codesarrollada por los dos países. SAC-D es un satélite complejo que estudiará a través del instrumento Acuarius los niveles de salinidad de los océanos y su influencia en los cambios climáticos. Argentina lo empleará además para la monitorización preventiva de catástrofes naturales.

La misión está siendo desarrollado en asociación internacional por la la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) argentina, que ya ha puesto en órbita con éxito tres satélites científicos de la serie SAC, en cooperación con la NASA. Más de 17 universidades, empresas, e instituciones internacionales, la mayor parte argentinas, también participan en la misión Acuario.

Argentina proporciona la plataforma SAC-D así como algunos instrumentos científicos de la carga, mientras que la NASA proporciona el sensor de salinidad Acuario y el lanzamiento de cohetes. En este momento, los ingenieros están ya realizando en la base aérea de Vanderberg de California –donde llegó el satélite a finales de marzo- las últimas pruebas antes de acoplar el Acuarius SAC-D al cohete Delta II que lo colocará en órbita.

La nave también incorpora otros dos instrumentos proporcionados por la Agencia Espacial Italiana (ASI) y por el CNES francés. Por su parte el Laboratorio de Integración y Pruebas (LIT) del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE) brasileño, fue el encargado de realizar en su sede en São José dos Campos, la etapa final del programa de ensayos del SAC-D Acuarius, en la que el satélite fue sometido a un programa muy riguroso de validación.

El satélite

Con un costo estimado que supera los 400 millones de dólares, el Acuarius-SAC D, constituye el cuarto proyecto conjunto entre la agencia espacial estadounidense y la CONAE. "Es un satélite realmente complejo y estamos felices de haber trabajado con la Argentina", señalaba al diario La Nación de Buenos Aires, Eric Ianson, responsable ejecutivo del proyecto en la agencia espacial norteamericana..

Construido en su mayor parte en la Argentina, el satélite en el que se comenzó a trabajar en 2002, tiene un peso de 1300 kg y un tamaño comparable al de una camioneta. Su vida operativa estimada será de, como mínimo, tres años. Comenzará a operar hacia mediados o fines de julio. El funcionamiento del satélite, así como la recolección inicial de datos, se realizará desde una estación en la localidad cordobesa de La Falda.

En su interior viajarán ocho instrumentos especialmente diseñados para la misión y una pantalla solar -diseñada y construida por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) argentina-, que proveerá la energía necesaria para los experimentos.

El instrumento de mayor envergadura es el Acuarius, un dispositivo con un costo de aproximadamente 200 millones de dólares provisto por la NASA, que medirá la salinidad del mar y permitirá estimar su importancia para el cambio climático.

La Agencia Espacial Italiana aporta el ROSA, que extrae perfiles atmosféricos utilizando la técnica de ocultación de GPS. La Agencia Espacial Francesa, el Carmen 1, para analizar el efecto de la radiación cósmica sobre componentes electrónicos, micropartículas o micrometeoros (basura espacial).

La CONAE construye otros cinco instrumentos. Un radiómetro de microondas, en el que participan el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR) y la Facultad de Ingeniería de la Universidad de La Plata (UNLP), servirá para estimar la velocidad del viento, la concentración de hielo en el mar, el contenido de agua en las nubes, el vapor de agua en la atmósfera.

Una cámara de barrido en el infrarrojo (en colaboración con Canadá), desarrollada por investigadores del Centro de Investigaciones Opticas, la Facultad de Ingeniería de la UNLP y el IAR, permitirá medir la temperatura superficial del mar y detectar focos de incendio o erupciones volcánicas, por ejemplo.

Otra, de alta sensibilidad, para observación nocturna y aplicaciones en el estudio de fenómenos atmosféricos. También diseña paneles solares para la provisión de energía y un sistema de demostración tecnológica que será utilizado en el futuro para la determinación de órbita, posición y velocidades angulares del satélite.

Si bien la misión es eminentemente oceanográfica, precisó el ingeniero Daniel Caruso, de la Comisión Nacional para la Actividad Espacial, "en lo doméstico, para nuestro país [la Argentina] será vital para advertir sobre nevadas, erupciones volcánicas e incendios forestales, y hasta detectar pesca furtiva en nuestro mar”.

Salinidad oceánica

Principalmente, Acuarius trazará un mapa de las variaciones globales de salinidad a un detalle sin precedentes, llevando a nuevos descubrimientos que mejorarán la capacidad para predecir el clima del futuro, dijo Gary Lagerloef, director de Investigaciones del satélite.

El Acuarius será el primer satélite dedicado a ofrecer observaciones acerca de la concentración de sal disuelta en la superficie de los océanos. Estas observaciones revelarán cómo las variaciones de salinidad influyen las corrientes oceánicas, trazan el recorrido del agua dulce a través del planeta y ayudan a moldear el clima de la tierra, explicó la NASA.

El satélite ofrecerá detalles de los océanos cada siete días durante 3 años desde una distancia de 657 kilómetros, y mostrará los flujos de salinidad en el tiempo y entre las diversas partes de los océanos.

La salinidad es el pegamento que vincula dos componentes básicos del complejo sistema del clima: las corrientes oceánicas y el ciclo global del agua, agregó Gary Lagerloef.

Según la NASA, la superficie de los océanos intercambia agua y calor constantemente con la atmósfera, y el 80 por ciento del ciclo global del agua que mueve agua dulce de los océanos a la atmósfera y a la tierra y posteriormente de vuelta al océano se produce sobre la superficie de éstos.

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