Empresas a la carrera espacial
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Empresas a la carrera espacial

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Borja Robert / / Canal Innovando (Fundación Riojana para la Innovación).-

La industria española desarrolla componentes clave para la conquista humana del espac

El espacio es cualquier lugar del universo a más de 100 kilómetros de altura. A partir de esta barrera invisible, que se cruza tras unos pocos minutos de viaje, las normas terrestres se difuminan. Lo fácil se convierte en difícil y, a veces, lo imposible pasa a ser factible. Durante los últimos 56 años los humanos se han empeñado en explorarlo, sobre todo, para conocerse más a sí mismos. Para mirarse desde arriba, con otra perspectiva. Lo que empezó como una guerra de exhibición tecnológica entre Estados Unidos y la Unión Soviética ahora es una industria de alta tecnología en la que trabajan todos los países avanzados del mundo. Incluida España, que en 2014 pondrá en órbita dos satélites de observación, PAZ e INGENIO, y será parte importante en otras muchas misiones.

La industria espacial es un puzle de cuatro piezas. «Segmento terreno, lanzadores, satélites y operadores comerciales»,  explica César Ramos, director de la Asociación Española de Tecnologías de Defensa, Aeronáutica y Espacio (TEDAE). En todas hay empresas españolas. Diseñan y fabrican centros de control en tierra, piezas de cohetes, componentes de satélites, o comercializan servicios desde la órbita. Unos negocios que en 2012 supusieron más de 3.300 empleos y más de 700 millones de euros de facturación. «En los últimos diez años hemos doblado la facturación», aclara Ramos. «Aunque desde 2010 el crecimiento es más débil, no hemos dejado de crecer».

Satélites españoles

En las instalaciones de Astrium en Madrid se pueden tocar aparatos que mañana viajarán al espacio. En ellas se fabrica la pieza de fibra de carbono más grande de Europa. Un inmenso cilindro que forma parte de la estructura del lanzador Arianne 5, el cohete europeo que pone satélites en órbita seis o siete veces al año. También está –hasta jueves 28– PAZ, una sonda encargada por los ministerios de Defensa e Industria que viajará al espacio a principios de 2014. «Hemos tardado dos años en montarla», asegura Francisco Lechón, portavoz de Astrium, contratista principal del satélite.

PAZ es una caja hexagonal con un radar de altas capacidades. «Permite realizar barridos o fijarse en un único punto», aclara Lechón. «Y funcionar de día, de noche y con cualquier situación meteorológica». Sus aplicaciones van desde la cartografía hasta el control de fronteras, y tendrá un uso sobre todo militar. «Incluso puede ayudar a controlar buques en el Índico», asegura. Orbitará la Tierra a unos 500 kilómetros de altura, y enviará unas 100 imágenes al día durante los próximos cinco años y medio. «Con posibilidad de llegar a siete». Hasta que se «monte en el camión» está guardado en una ‘sala limpia’ donde técnicos de Astrium ultiman detalles.

Unos metros más allá hay un cilindro hueco de aluminio que forma parte de Vega, un cohete europeo para poner cargas pequeñas –de entre 300 y 2.000 kilos– en órbitas bajas –de hasta 700 kilómetros– que todavía está en fase de certificación. Y también la estructura de lo que será un satélite de comunicaciones israelí.

La fabricación de satélites integra materiales y procesos de alta tecnología con mucho trabajo manual. Las instalaciones de Astrium están a medio camino entre un laboratorio y un taller. En ellas conviven robots y ‘artesanos’ de la fibra de carbono, las planchas de aluminio en panal de abeja y los recubrimientos térmicos. Preparan las piezas con cuidado, despacio. «Hay cosas que no puede hacer una máquina», explica Lechón.

Mapa estelar

Antes de que PAZ se ponga en órbita hay otra misión en la que la industria espacial española juega un papel fundamental. La sonda telescopio ‘Gaia’, de la Agencia Espacial Europea, viajará a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra –alejándose del sol– para estudiar las estrellas. «El truco», dice Diego Rodríguez, director de Espacio de Sener, «es que si colocas un objeto en ese lugar, que llamamos ‘punto de Lagrange’, se queda estable, lo que es muy conveniente desde el punto de vista energético». Desde ahí quieren crear un mapa con las características de unos 1.000 millones de estrellas.

Sener ha diseñado y fabricado dos componentes esenciales de la sonda. Un parasol de 11 metros de diámetro que protegerá los instrumentos del sol  y que tiene que ser capaz de desplegarse sin una sola arruga una vez en el espacio, el mecanismo que ajusta el espejo secundario del telescopio. Es decir, la tecnología que permite recalibrarlo hasta obtener la imagen de mejor calidad. Algo que puede ser tan sutil como corregir una desviación de unas pocas milésimas de milímetro. «También somos responsables de la carga útil del satélite español SEOSAT (Ingenio)», explica Rodríguez. Esta sonda acompañará a PAZ y tomará imágenes ópticas de la Tierra.

Tanto PAZ como Ingenio son propiedad de Hisdesat, una compañía que proporciona servicios gubernamentales por satélite. Un 30% de su capital es del Ministerio de Defensa, aunque su accionista mayoritario es Hispasat, la referencia española en la explotación comercial de satélites de telecomunicaciones. «Vendemos capacidad a dos grandes grupos de clientes», explica Jordi Bosom, director de estrategia. «A las empresas del mundo audiovisual para retransmitir imágenes o sonido, y a empresas de telecomunicaciones para ofrecer servicios de conectividad». Hispasat cuenta con una flota de seis satélites en órbita geoestacionaria. Cuando estos se colocan a unos 36.000 kilómetros de altura sobre el ecuador, su velocidad orbital coincide con la de la rotación de la Tierra por lo que siempre están volando sobre el mismo punto. Así pueden dar cobertura permanente. «Buena parte de nuestro negocio la tenemos en una posición sobre el Atlántico que cubre Europa occidental y América. La otra parte la tenemos sobre Brasil», aclara Bosom. Estos satélites viven unos 15 años, lo que les obliga a ser ambiciosos y previsores. «Hay que planificar qué mercado tendrás»

Una vez la cuenta llega a cerono hay vuelta atrás. O todo funciona como está previsto o las misiones a bordo del lanzador que despega habrán fracasado. Y no es solo una cuestión de colocar las sondas en el lugar correcto del espacio. Para que los satélites lleven a cabo su tarea correctamente es necesario un trabajo minucioso en tierra. Antes, y durante la misión. «Una misión espacial de las baratas cuesta 100 millones de euros y una de las grandes más de 1.000, así que es mejor probar las cosas en tierra antes de subirlas», asegura Jorge Potti, director de la división de espacio de GMV.

Elrover Curiosity explora Marte desde agosto de 2012 con una estación meteorológica y una antena de comunicaciones diseñadas y fabricadas en España. Para su desarrollo y el ensamblado de sus componentes se utilizó un software de gestión de ciclo de vida de producto de Siemens, que integra todo el proceso y permite reducir costes, plazos y, sobre todo, errores.

El pasado octubre GMV inauguró el laboratorio robótico de simulación para misiones espaciales más avanzado de Europa. Una estancia oscura en la que un brazo mecánico anclado unos raíles permite poner a prueba toda clase de sistemas antes de lanzarlos al espacio. «Nos permite probar los sistemas en un entorno mucho más realista, con el hardware», explica Potti. Es especialmente útil, afirma, para simular la interacción entre dos objetos en órbita. «Entre dos satélites artificiales, o entre un satélite y un asteroide», aclara.

Estas instalaciones permitirán poner a prueba una de las especialidades de la empresa: «los sistemas de guiado, control y navegación de vehículos espaciales». Al llevar la simulación desde un sistema informático al mundo real, «aumenta la fidelidad de los resultados». Entre los ejemplos que pueden probar hay tecnologías «de aproximación y acoplamiento a la Estación Espacial Internacional», la «recogida y eliminación de basura espacial » o cosas aún más complejas como «vuelos en formación». Estos últimos, explica Potti, «permiten que dos o más vehículos espaciales se comporten como uno solo».

Otra de las facetas en las que destaca GMV es en la instalación y actualización de centros de control de satélites. «En esto somos la empresa número uno en el mundo», afirma Potti. «Nuestra tecnología controla más satélites de telecomunicaciones que la de ninguna otra», sentencia. Estas instalaciones incorporan «la antena que envía y recibe información desde el vehículo en órbita, el sistema de procesado de telemetría y comando, que muestra en diagramas la información del satélite y permite enviarle instrucciones, y además la parte de la dinámica orbital que calcula las maniobras que tienen que hacer los satélites», concluye.



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