Vega o el triunfo de la voluntad
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Vega o el triunfo de la voluntad

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(infoespacial.com) Juan Pons, Madrid.- Toda Italia es un clamor por el éxito del vuelo inaugural de Vega, un pequeño gran lanzador que es obra y gracia del tesón y el esfuerzo de su industria espacial.

Pero, sobre todo, Vega es el resultado de la firme voluntad de las autoridades políticas de Roma y de la Agencia Espacial Italiana (ASI) que, desde finales de la década de los 80, se empeñaron en que Italia tuviese un lugar preferente entre las naciones europeas con capacidad de acceso al espacio.

Nadie puede dudar que el pequeño cohete que levantó el vuelo desde la base espacial de Kurú a las 11:00 horas (hora española) del pasado 13 de febrero, lleva el perfume y el sabor de Italia por los cuatro costados. Y aquí van las claves:

Vega es un programa que recibe el visto bueno de la Agencia Espacial Europea (ESA), tan sólo un año después de que un italiano, Antonio Rodota, asuma el cargo de director general de la ESA en 1997. ¿Casualidad?

Vega es un proyecto que alcanza su velocidad de crucero cuando, en 2003, otro italiano, Antonio Fabrizi, es designado para estar al frente de la Dirección de Lanzadores de la ESA. ¿Casualidad?

Vega es un programa cuyo máximo responsable en la Agencia europea es Stefano Bianchi, un veterano ingeniero italiano, que conoce perfectamente las claves de la propulsión sólida del Ariane 5 ¿Casualidad?

Y, por si fuera poco, Vega es un programa en el que el esfuerzo económico recae sobre las arcas del gobierno de Roma, y en el que la participación industrial italiana es mayoritaria y rebasa con creces el cincuenta por ciento de la inversión. Algo evidente, después de tantas casualidades.

Apoyo incondicional de Roma

No obstante, es bien sabido que Italia no ha desarrollado Vega en solitario. El recién nacido ha surgido de la mano de la Agencia Espacial Europea, y ha contado con el crucial apoyo de Francia. Roma ha aportado más del 60 por ciento de la inversión necesaria, pero París ha contribuido con cerca del 25 por ciento.

También es cierto que otras cinco naciones han puesto su granito de arena. Es verdad que España, junto con Bélgica, Holanda, Suiza y Suecia, ha contribuido a hacer realidad este pequeño cohete de 30 metros de altura y capacidad para colocar 1,5 toneladas de cargas útiles a 700 kilómetros de altura.

Los responsables del Centro de Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI) vieron en este novedoso lanzador una oportunidad para acrecentar el potencial de la industria nacional.

El resultado es que la inversión española en Vega ?que ha rondado el 6 por ciento del total de la inversión?, ha aportado importantes innovaciones al éxito del lanzador y a su componente terrestre, lo que ha repercutido en una carga de trabajo para nuestras industrias de cerca de 70 millones de euros.

Por el contrario, resulta palpable que el aliento del Quirinal a la iniciativa Vega han sido algo más que palabras. El decidido apoyo de los sucesivos gobiernos de Silvio Berlusconi se ha manifestado en hechos concretos, principalmente en insuflar del orden de los 700 millones de euros a su industria, que hoy alcanza niveles de competencia que sitúan al sector espacial italiano en el tercer lugar del ranking europeo.

Las dificultades de la propulsión

Pero no ha sido sencillo. Ver volar majestuosamente al primer vehículo Vega ha supuesto que los ingenieros italianos han tenido que franquear muchos obstáculos. Especialmente en lo que se refiere a la puesta a punto de la propulsión sólida que, hoy por hoy, es la llave del acceso al espacio.

Y a la actual Avio (antes BPD Difesa e Spazio) que creía gozar de sobrada experiencia en este campo, no le quedó más remedio que pedir auxilio a la SAFRAN (SNECMA Propulsion Solide).

Francia ha tenido que aportar su gran experiencia y saber hacer para que el gran motor de propulsión solido de la primera etapa ?un autentico dolor de cabeza para los ingenieros italianos?, se haya hecho realidad.

Las sociedades Regulus y Europropulsion han sabido fusionar los intereses de unos y otros, y dar vida al motor P80, el responsable de propulsar al cohete desde la torre de lanzamiento, y sin cuyo impulso Vega estaría todavía en tierra.

Italia se lo ha ganado a pulso y es comprensible que ahora reciba la enhorabuena de toda la comunidad espacial internacional. Había muchas incógnitas en cuanto al correcto funcionamiento de los cuatro motores de Vega y, sobre todo, en lo que respecta a la separación de cada una de las cuatro etapas.

Y aunque los técnicos van a estudiar en detalle la telemetría y el resto de los parámetros de vuelo, lo importante es que la misión de calificación ha cumplido con todas las expectativas.

Un camino de espinas

Llegar a ver despegar el primer ejemplar de Vega ha sido una tarea muy ardua y difícil. Los antecedentes del actual sistema se remontan a principios de los años 90, cuando la ASI incluye en su programa espacial nacional una iniciativa denominada Vettore Europeo di Generazione Avanzata (VEGA).

Tomando como base los estudios realizados por la Universidad de Roma a finales de los años 70, se trataba de mejorar los pequeños lanzadores Scout norteamericanos, que los italianos habían utilizado hasta entonces para sus experimentos en el espacio. El proyecto fue abandonado en 1993, pero la ASI siguió aspirando a contar con un vehículo de transporte espacial nacional.

La ocasión llegó en junio de 1998, con Antonio Rodota como director general de la ESA. El desarrollo de Vega recibe el apoyo de Francia, pero una vez que Italia ha desbloqueado su negativa a participar en las mejoras del Ariane 5 propuestas por Francia. Según testigos que participaron en las largas negociaciones, “aquello fue un tira y afloja que dejó agotadas a ambas delegaciones”.

Pero no terminan ahí las penurias de Vega. El vuelo inaugural de Vega ha estado siendo anunciado desde 2008. Año tras año, los comunicados de la ESA y Arianespace ?la compañía europea de servicios de lanzamiento? programaban el despegue para diciembre del año en curso, es decir, para diciembre de 2008, para diciembre de 2009, para diciembre de 2010…

A fuerza de equivocarse, ni la ESA ni Arianespace se atrevieron en 2011 a dar fecha alguna ese año. Ello da idea de la complejidad a la que se han enfrentado los responsable de un programa que, por fin, ha culminado con éxito en su vuelo inaugural.



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