La revolución de los lanzadores
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La revolución de los lanzadores

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La actividad espacial mundial ha experimentado desde hace algunos años un incremento muy significativo, tanto en la puesta en órbita de satélites de varios tipos y aplicaciones, como en las iniciativas de exploración del espacio exterior e interplanetario.

En términos de aplicaciones, los satélites de telecomunicaciones son uno de los principales tractores de esta actividad: las comunicaciones de voz y datos, Internet y HD TV han sido los motores de este sector, en el que también tiene un peso destacado el sector estratégico militar.

Por otra parte, el segmento de los satélites meteorológicos sigue siendo muy pujante. A esta área se unen los satélites de observación de la Tierra, en los sectores civil y militar. Es el caso en el campo civil del programa Copernicus de la Unión Europea.

La tecnología de Global Navigation Satellite Systems (GPS, Glonass, Egnos, Galileo, etc) además tiene un gran valor para aplicaciones múltiples que constituyen y constituirán un sector muy demandante de lanzamientos de satélites. En Europa, la constelación Galileo estará formada por 30 satélites.

Otro sector en gran expansión es el de los nano y cubesats, de aplicación eminentemente científica y tecnológica y con una floreciente actividad que proviene principalmente de universidades y centros de Investigación del todo el mundo.

Los lanzadores para estos pequeños satélites son actualmente los mismos que transportan cargas útiles pesadas. Por lo tanto, estos equipos van alojados como piggy back y hay un margen muy estrecho en cuanto a selección de órbitas y oportunidades de lanzamiento. El coste de lanzamiento también se ve afectado por este hecho, rondando entre los 60.000 y 80.000 euros por kilo.

En el marco europeo, la empresa noruega Nammo desarrolla lanzadores pequeños de propulsión híbrida específicamente para micro, nano y cubesats. Hay que mencionar la iniciativa española de la empresa PLD que desarrolla la familia de lanzadores Arion, propulsada por motores de oxígeno líquido y queroseno.

El panorama de la actividad de lanzadores ha cambiado drásticamente debido a varios factores 'tractores':

Europa, China, Japón y la India proveen lanzadores capaces y fiables de gran porte (Ariane, Larga Marcha, HIII, GSLV). La extinta URSS ha visto como su potencial quedaba fraccionado entre Rusia (Proton, Angará, Soyuz, Rokot) y Ucrania (Cyclon, Zenit, Dnepr) y en los Estados Unidos aparecen nuevos actores que han cambiado las 'reglas del juego' a nivel mundial con tecnologías novedosas y conceptos de operación revolucionarios.

Efectivamente: empresas como SpaceX con su familia de lanzadores Falcon 9 o las iniciativas de empresas como Blue Origin, Virgin Galactic, Sierra Nevada y XCor Aerospace han causado una auténtica revolución en el segmento de lanzadores, ofreciendo nuevas prestaciones y conceptos. En el caso particular de SpaceX ha supuesto una verdadera tormenta en los costes de lanzamiento, llegando prácticamente a reducir a la mitad los precios actuales.

Esta entrada de nuevos actores ha conmocionado a la industria 'clásica' de lanzadores. Así, en Estados Unidos, los grandes clientes incluido del Departamento de Defensa, utilizan los servicios de SpaceX y Blue Origin, mientras que la NASA lanza su programa SLS (Space Launch System), basado en el nuevo lanzador Vulcan, sucesor de los Atlas y Delta de United Launch Alliance, una empresa resultado de la alianza de Lockheed Martin Space Systems y Boeing Space, Defense and Security.

En Europa, la reacción a este nuevo panorama ha sido afortunadamente rápida de reflejos: se constituyó una empresa formada por Airbus Defense and Space y Safran, registrada como ASL en enero de 2015, firmando en agosto del mismo año un contrato con la ESA para el desarrollo de una nueva familia de lanzadores europeos de última generación, capaces de competir con los nuevos actores en el panorama mundial.

ASL posee el 74% de las acciones de Arianespace, que mantiene toda su capacidad de gestión de lanzamientos en Kourou con los lanzadores actuales (Ariane 5, Soyuz y Vega) y los futuros Ariane 6 y Vega C.

Estos proyectos se centran básicamente en una nueva versión de Ariane 5, que sería el Ariane 6 en dos versiones: 62 y 64, equipados con 2 y 4 boosters respectivamente, con el vuelo inaugural previsto del Ariane 62 en 2020.

La otra línea estratégica Europea en este mismo contexto es la mejora de prestaciones del lanzador Vega, cuya nueva versión Vega C aumentará sus prestaciones con nuevos elementos propulsivos de desarrollo europeo, equipado con unos nuevos boosters (P120C) que además serán comunes para la versión Ariane 62 (2 boosters) y Ariane 64 (4 boosters).

Por último, tres factores son determinantes en las nuevas capacidades y costes de lanzadores:

-Reutilización de etapas de los lanzadores

-Implantación de propulsión eléctrica en los satélites, que en algunos casos ha reducido la masa al lanzamiento hasta en un 40% (aunque este avance ha permitido en algunos casos incrementar la masa de componentes útiles en los mismos, con lo que la masa total sigue parecida)

-Utilización de propulsantes “limpios” y minimización del “space debris” ó basura espacial.

Estos factores están encaminados básicamente a una reducción drástica del coste del lanzamiento y al respeto de la normativa ambiental.



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