El primer propulsor espacial español llega a órbita en un cohete de Firefly
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El primer propulsor espacial español llega a órbita en un cohete de Firefly

El microlanzador Alpha SLC-2 ha logrado despegar en su cuarto intento
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El lanzamiento del primer propulsor espacial totalmente eléctrico español, desarrollado por la compañía madrileña Ienai Space, llegó finalmente a órbita hoy sábado en el en el microlanzador Alpha SLC-2 de la norteamericana Firefly. El vehículo logró despegar en su cuarto intento de lanzamiento. La misión llevó al espacio dos demostradores tecnológicos para los futuros propulsores Athena con los que la empresa española espera irrumpir en el mercado global de la propulsión eléctrica. Los Athena forman parte de dos satélites Génesis que han sido integrados por Amsat España. Tras varias semanas en órbita, los sistemas desorbitarán de forma planeada quemándose en la atmósfera y evitando así convertirse en basura espacial. La misión servirá para demostrar las tecnologías críticas del propulsor de cara a la comercialización en el año 2023.

Actualmente, el mercado de la propulsión espacial se encuentra dominado por empresas americanas o rusas, aunque con fuertes competidores en Francia, Alemania o Austria; Ienai Space es la única empresa española que desarrolla una versión comercial de un propulsor eléctrico. La principal ventaja de estas tecnologías, frente a los más tradicionales propulsores químicos, es la capacidad de ahorrar grandes cantidades de masa de propelente, permitiendo que los satélites sean más ligeros y, por tanto, menos costosos de lanzar a órbita.

Los tres anteriores intentos

El tercer intento de despegue de la misión del pasado viernes se canceló debido a que el sistema de seguridad del vehículo detuvo el despegue automáticamente justo después de la ignición. El primero se canceló debido a lo que denominaron desde los canales de comunicación de Firefly como una "caída de la presión de suministro de helio de la segunda etapa" y el segundo debido a condiciones climáticas adversas.

LanzamientoEl microlanzador Alpha SLC-2 justo tras la ignición en el tercer intento. Foto: Firefly

Este lanzamiento es el primero en el que la compañía Firefly alzanda las estrellas. El CEO de Ienai Space, Daniel Pérez Grande, ya comentó a Infoespacial.com que su único intento de hacerlo había acabado en desastre con la explosión en septiembre de 2021 de su cohete, "es un lanzamiento de alto riesgo", aseguró Pérez. El CEO contemplaba todas las posibilidades antes del despegue: "En caso de que falle tenemos planeadas varias misiones para el año que viene, es muy importante poder enseñar nuestra tecnología en órbita, es nuestra meta y vamos a hacerlo". A pesar de esto, la misión ha logrado realizarse con éxito.

La propulsión eléctrica

Los propulsores eléctricos emplean campos eléctricos y magnéticos para acelerar los propelentes, generando así empuje sobre los satélites. Por el contrario, en los propulsores químicos el empuje se genera gracias a la combustión de los propelentes y su expulsión. La electrificación de la movilidad espacial comenzó bastante antes que la de otros sectores, como el de la automoción. El primer motor cohete eléctrico fue lanzado en el 1964 a bordo de la misión SERT-1 de NASA. A partir del 2000, los propulsores eléctricos se han usado de forma generalizada para llevar a cabo maniobras en órbita. En aquella época, los gigantes aeroespaciales adoptaron las tecnologías de propulsión eléctrica en las grandes plataformas geoestacionarias que dan soporte a nuestras comunicaciones globales: EutelSat 172B (Airbus), 702SP (Boeing) y SpaceBus NEO (Thales). Este cambio les permitió ahorrar entorno al 50% del peso de los satélites, reduciendo así la factura de los lanzadores. Sin embargo, el uso de la propulsión eléctrica alarga los tiempos necesarios para llegar a órbita geoestacionaria unos seis meses.

Las tecnologías tradicionales de propulsión eléctrica de satélites estaban pensadas para satélites grandes y pesados, y se vuelve muy poco eficiente cuando se intenta escalar a las bajas potencias eléctricas, algo que para la actualidad es fundamental debido a la importancia de los nanosatélites. Para resolver esta problemática, la Ienai Space recurrió a una tecnología desarrollada por NASA en los años 70: los motores de electrospray, rescatada por el español Manuel Martinez Sanchez, profesor en el MIT y doctor Honoris Causa por la UC3M. Estos propulsores se basan en el uso de sales fundidas (también conocidas como líquidos iónicos) como propelente, a diferencia de los motores eléctricos tradicionales, que usan gases como el Xenon o el Kriptón. Estas sales pueden ser aceleradas a través de campos eléctricos sin necesidad de ionizar el propelente, lo que les confiere altísimas eficiencias, permitiendo retener tanto empujes altos (comparados con otras tecnologías de propulsión eléctrica) como altos rendimientos del propelente.



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