Copernicus, clave para cumplir con el plan de reducción de emisiones de la UE
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Copernicus, clave para cumplir con el plan de reducción de emisiones de la UE

Foto ESA
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Los satélites de Copernicus, el programa de observación de la Tierra de la Agencia Espacial Europea (ESA), son una herramienta esencial para que la Unión Europea (UE) cumpla con sus objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. 

Recientemente, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, propuso al Parlamento Europeo incrementar del 40% al 55% el recorte de las emisiones para 2030, con el objetivo de convertir a Europa en el primer continente con efecto neutro para el clima en 2050.

Ante este ambicioso plan, conocer de qué manera generan y llegan a la atmósfera los gases que influyen en el calentamiento global, así como descubrir los pormenores del ciclo del carbono. 

Aquí, el papel de Copernicus es fundamental ya que, en el marco de este programa, la ESA desarrolla y construye las misiones satelitales que suministran datos básicos para numerosos servicios medioambientales, incluido su Servicio de Cambio Climático.

Al respecto, el director de los programa de observación de la Tierra de la ESA, Josef Aschbacher, aseguró que “aunque la ESA no fija políticas, la gran cantidad de información que proporcionan los satélites ofrece datos fehacientes de los cambios que están teniendo lugar: información esencial a la hora de tomar decisiones”.

Sin embargo, Aschbacher selañó que los satélites no solo sirven para monitorear los cambios en la Tierra sino que “también ofrecen datos para comprender aspectos específicos del funcionamiento de nuestro planeta en tanto que sistema, como el ciclo de carbono, que son clave para desentrañar intrincados circuitos de realimentación y evaluar posibles riesgos”.

El rol de los océanos

 

Las misiones satelitales de la ESA han descubierto que, en los últimos 50 años, los océanos han absorbido más del 90% del calor extra de la atmósfera, causado por los gases de efecto invernadero procedentes de la actividad humana, y que a su vez han contribuido a enfriar el planeta reduciendo alrededor de un tercio de las emisiones de dióxido de carbono de origen humano.

Sin embargo, las misiones SMOS y Sentinel-3 de la ESA -que ofrecen mediciones de la salinidad, las velocidades superficiales del viento y la temperatura de la superficie marina- han señalado que esta contribución de los océanos no es necesariamente algo bueno.

El problema radica en que el aumento de la temperatura de los mares lleva a una subida del nivel del mar debido a un fenómeno denominado expansión térmica y a la fusión del hielo continental. 

Además, cuanto más dióxido de carbono se disuelva en los océanos, mayor será su acidificación, un problema medioambiental grave que dificultaría la supervivencia de ciertas especies marinas.

 

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