La gestión de la industria aeroespacial pasa de manos en Rusia
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La gestión de la industria aeroespacial pasa de manos en Rusia

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Alina Chernoivanova, RIA Novosti/ Moscú.-

Rusia tiene un nuevo director para asuntos espaciales. El viernes 29 de abril por la mañana, el Kremlin publicó un edicto por el que el viceministro de Defensa responsable del armamento, Vladimir Popovkin, cesaba en sus funciones.

Acto seguido, el Gobierno comunicaba que el director de la Agencia Espacial rusa Roscosmos, Anatoli Pérminov , también había sido apartado de su cargo. Finalmente, el gobierno descubrió su jugada: Popovkin abandonaba el Ministerio de Defensa para encabezar Roscosmos en lugar de Pérminov. A primera vista, un simple y previsible enroque de figuras, casi predeterminado desde hace ya siete años y, sin embargo, ha resultado un momento clave para el futuro de toda la industria espacial rusa. Los precedentes, la historia y los problemas que arrastra el sector tendrán mucho que decir en su ulterior desarrollo.

Anatoli Pérminov, un experimentado burócrata del aparato gubernamental ruso, dirigía Roscosmos desde hacía siete años. Anteriormente, y durante doce años, de los destinos de esta empresa pública se encargó Yuri Koptev. Su gestión que se puede calificar como exitosa, ya que en el marco de los salvajes años noventa consiguió evitar su decadencia y colapso total. El tiempo pasó, y Rusia volvió a mirar de nuevo al espacio, con ello se decidió aumentar el presupuesto y colocar a la cabeza de esta industria a un verdadero profesional en la materia, no como Koptev que provenía de la industria aeronáutica.

Se optó por el Comandante de las Tropas Espaciales, un experto en misiles balísticos y brillante administrador, Anatoli Pérminov quién, en el corto espacio de tres años había sido capaz de crear una nueva Arma: las Tropas Espaciales, que se separaron de las Tropas de Misiles Estratégicos en 2001. En marzo del 2004, el general Pérminov se quitó los galones militares para hacerse cargo de Roscosmos, una entidad civil. Su lugar en las Tropas Espaciales lo ocupó precisamente Vladimir Popovkin. De esta forma, este último enroque es el segundo en la historia de estos dos generales.     Con una disciplina marcial de trabajo Pérminov se puso en acción inmediatamente con el objetivo de sacar al sector de la profunda crisis moral y sistémica en la que se encontraba. Se puso en marcha el programa Clipper, un transbordador espacial concebido para sustituir a las naves Soyuz. En 2005, repentinamente, Roscosmos  descubre que no puede encargar el diseño y la fabricación del nuevo prototipo a la empresa elegida, la Corporación de Cohetería Espacial “Energia”, sin convocar antes un concurso. El concurso resultó un fracaso y el ambicioso proyecto pasó a la estantería de los tiempos mejores.

Además, Pérminov mantenía unas relaciones tensas con la NASA. En su opinión, los días cuando Rusia debía actuar como solicitante en todas partes, ya pasaron a la historia. Es más, tras la catástrofe del transbordador Columbia, la NASA pasó a tener mucho que agradecerle a Rusia. Por otra parte, Pérminov diseñó una nueva versión del programa espacial federal hasta el 2015 junto con un ambicioso programa nacional de desarrollo del nuevo sistema de navegación por satélite GLONASS. Las cifras son claras: desde el 2004 hasta el 2010 el presupuesto del Roscosmos aumentó seis veces y eso es mérito claro de Pérminov, administrador, que no tuvo miedo de coger el toro por los cuernos a la hora de exigir financiación para su sector.    En cualquier caso, durante todo este tiempo tras la espalda de Pérminov siempre se intuyó la sombra de Popovkin. Es muy probable que el primero entendiera desde un principio que tenía a un serio oponente, cuando no a un rival, en la persona del jefe del Estado Mayor de las Tropas Espaciales. De todas formas, según los oficiales que prestaron servicio bajo su mando en el Estado Mayor, Pérminov y Popovkin formaban un excelente dúo. El primero transmitía la autoridad de la vieja escuela, mientras que el otro era un buen especialista en astronáutica y un gran comunicador, llevando estupendamente las relaciones con la prensa.

Finalmente, Anatoli Pérminov se puso a la cabeza de Roscosmos, entidad productora, y Vladimir Popovkin, las Tropas Espaciales, el principal cliente de aquella. Esta situación los puso en los lados opuestos de las barricadas.

Entre Pérminov y Popovkin se desató una desagradable lucha soterrada. Las Tropas Espaciales presionaban y criticaban públicamente a Roscosmos para obtener mejores condiciones en sus contratos de suministro. Pérminov cambió radicalmente su postura en muchos proyectos espaciales, dejando a un lado las prioridades militares para defender posturas claramente civiles. Bajo su administración, la base espacial de Baikonur dejó de pertenecer al Ejército, mientras el Centro de adiestramiento de cosmonautas Yuri Gagarin fue subodinado Roscosmos. En el fragor de la batalla, Pérminov comenzó a sospechar que su ex compañero de armas aspirara a sustituirle a la cabeza de Roscosmos. Sin embargo, en julio del 2008, Popovkin era nombrado Jefe de Armamento de las Fuerzas Armadas de Rusia y viceministro de Defensa, con lo cual las aguas volvían a su cauce.

En realidad, es poco probable que Vladimir Popovkin aspirara a dirigir Roscosmos. Además, su actual nombramiento no representa ningún ascenso en el escalafón, sino un desplazamiento en horizontal. Da la impresión que simplemente ha cumplido a rajatabla con las órdenes de sus superiores y, como buen soldado, ha ido a servir donde se le necesita.

A partir de ahora veremos cómo se van a desarrollar los acontecimientos. Como ha demostrado la experiencia con Pérminov, un militar no tiene por qué defender los intereses militares gestionando Roscosmos, pero la situación con Popovkin es más  complicada de lo que parece ser a primera vista. Hasta ahora ha representado al Ministerio de Defensa como cliente de Roscosmos, y lo ha hecho de una forma implacable: tras algunas de sus intencionadas declaraciones varias empresas rusas de armamento han perdido importantes contratos con clientes extranjeros.

Con estas acciones, Popovkin ha conseguido enemistarse con muchos de las figuras clave de las empresas de la industrai aeroespacial de Rusia. Además, después de su última aprobación de los planes para la creación de un nuevo cohete balístico pesado de combustible líquido, el diseñador de los cohetes de combustible sólido “Topol” “Yars” y “Bulava”, Yuri Solomonov, ofreció una conferencia de prensa en la que sometió a acerbas críticas la iniciativa del Ministerio de Defensa. Aún así, el diseñador rompió una lanza a favor de Popovkin al calificarlo de “excelente especialista en la materia” y expresar dudas de que sea responsable de esta idea. Ahora, Solomonov y el Instituto que dirige estarán bajo las órdenes directas de Popovkin.

Finalmente, el nuevo director de Roscosmos recibe una última y complicada herencia de su predecesor. Con la financiación no va a tener problemas, pero sí los habrá en la administración de la Agencia. Según la Fiscalía General de Rusia, Roscosmos al ejecutar el proyecto del nuevo sistema de navegación por satélite GLONASS, incumplió varios contratos con el gobierno y cometió irregularidades en la convocatoria de varios concursos. Además de haber utilizado base tecnológica no rusa en sus aparatos. Son muchas las quejas a las que tendrá que responder Popovkin.

Como hace siete años Pérminov, Popovkin se pasa al otro lado de las barricadas. Quién saldrá ganando con esto, se sabrá en poco tiempo.Roscosmos tiene que resolver con rapidez las tareas que tiene en marcha y que son urgentes: el proyecto GLONASS, la construcción de la nueva base espacial Vostochny y una serie de proyectos militares. Su resolución indicará el nivel de competencia del nuevo gestor espacial que tiene Rusia.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE OBLIGATORIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

 

http://sp.rian.ru/opinion_analysis/20110507/148901763.html



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